La mejor novela negra española actual se escribe en femenino. Frente a la tradición de autores varones e inspectores/comisarios del mismo género, los libros que me han gustado en este género en los últimos tiempos están escritos por mujeres y el personaje central en la resolución del crimen es también una mujer. Son los casos de la enigmática Carmen Mola y la sevillana Susana Martín Gijón.

Ha alcanzado notoriedad en los últimos tiempos, aunque lleve escrita media docena de novelas. Hoy traigo aquí Progenie. Quien lea habitualmente este blog sabe que las tres novelas de Carmen Mola me han gustado mucho. Es una autora que disfruta en las cercanías del gore. Aquí nos encontramos ante otro tipo de narración, en donde el detalle escabroso es casi inexistente y donde lo fía todo a su arte narrativo. Una y otra son excelentes autoras.

Una mujer es asesinada en Sevilla y el asesino deja la marca de un chupete. Es el primer camino de una sucesión de crímenes cuya marca está relacionada con los bebés. Un crimen complejo que nos adentra en las contornos de las clínicas de fecundación y las técnicas de reproducción asistida. Una sucesión de crímenes acelerados explicados y narrados en clave de mujer, lo que se nota en tempos, sensaciones y percepciones. 

La novela negra mediterránea, la que inició el siempre presente Vázquez Montalban y siguieron autores como Camilleri, Markaris tiene numerosos aspectos que la separan de la escandinava, Sus paisajes y actitudes de los autores, el gusto por los pequeños placeres cotidianos de los que disfrutan los protagonistas y un gusto mayor por el respeto a la legalidad que lo que ocurre en Escandinavia marcan la diferencia. Pero sobre todo son libros luminosos, incluso cuando la protagonista está encerrada en un archivo administrativo. Y una novela de los bares típicos, a los que uno querría volver.

En esta ocasión es Sevilla, desde las zonas más deprimidas que aparecen en el primer crimen hasta las descripciones de las zonas más ricas, que se ejemplifican en la suntuosa mansión del protagonista de unos homicidios en serie de los años ochenta, vinculados a la despenalización del aborto. Y en los coches de alta gama que se suceden en el libro.

Unos crímenes que, al igual que los vinculados a la maternidad asistida nos conducen directamente a problemas que primariamente se ven en clave de mujer. Una clave de mujer que se expresa muy bien en la pareja de mujeres que ansía su descendencia.

La narración directa, con capítulos muy cortos, diálogos cortos pero expresivos. Escenas contadas de forma diferente, carente de florituras innecesarias. Lo cual, para novelas como ésta, es especialmente positivo.

Pero es, al mismo tiempo, una novela de relaciones. Relaciones de pareja, rotas en su mayoría, relaciones de amoríos, reales y frustrados; relaciones de trabajo, de jefes y colaboradores, paternofiliales con los traumas que conlleva. Y es también una historia de egos, masculinos y femeninos; el de la apariencia aquellos, el de la solvencia en el trabajo el de las mujeres. 

De hecho, la vía para saciarlo de una de ellas, no es sino una exteriorización el sobreesfuerzo femenino para destacar que tienen que hacer en un mundo mayoritariamente masculinizado. Incluso de cómo los egos se sacian a través de del crimen, desde el primero hasta el último. 

Y es también, en el caso de Camino, Inspectora interina por la enfermedad del titular, una narración de los pequeños micromachismos que encuentran las mujeres y cómo se cuestiona que sean mujeres de carácter, con opinión, con ambición y con influencia derivada de su buen hacer y del alto nivel de exigencia que tienen en el trabajo. Esas a las que se censuran expresiones y actitudes que en los hombres no se cuestionan o que, incluso, se consideran postivas. El pan nuestro de cada día, diría yo, en el que la sucesión de los micromachismos nos llevan a un gran machismo. La escena del bar en la que quedó excluida es el mejor ejemplo en el libro.

Libro, por tanto, muy recomendable. Por la historia, por cómo está contado, por cómo se desenvuelve la trama y por cómo termina.

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